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Caso de uso · 25 de agosto de 2026

Stock entre sucursales: por qué el mismo producto sobra y falta al mismo tiempo

En una cadena con varios locales, la venta que perdiste hoy suele tener su solución guardada en otro local. Este caso de uso explica por qué el número total de stock no sirve para verlo, cuáles son las cuatro trampas que hacen que una sugerencia de transferencia salga mal, y qué tiene que estar en su lugar para confiar en ella.

Esto es un caso de uso real, y no es nuestro único tema. Sale de un sistema que construimos adentro de una empresa real y que hoy corre en producción. Elegimos contar este proceso porque el dinero que deja quieto es fácil de medir, pero el método es el mismo para cobros, compras, facturación o cualquier otro proceso que deje datos: encontrar dónde se está yendo el dinero, y después automatizar el control.

El total es el número que menos sirve

Casi todos los sistemas de gestión contestan bien la pregunta "¿cuántas unidades tengo de este producto?". El problema es que esa no es la pregunta que mueve dinero.

Un producto con veinte unidades en la cadena puede estar perdiendo ventas todos los días: si las veinte están en el local donde nadie lo pide, y en el local donde se vende hay cero, el total dice que estás bien surtido mientras la caja dice otra cosa. La pregunta que importa no es cuánto tenés, sino dónde está lo que tenés respecto de dónde se vende.

En una cadena, el stock no es una cantidad. Es una distribución, y una distribución mala se ve idéntica a una buena si solo mirás el total.

Las cuatro trampas

1. Mirar el producto y no la variante

El stock agregado por producto esconde el problema más común del rubro. Diez unidades de una prenda suenan a stock suficiente, pero si son diez del talle que menos sale y cero del que se vende, el local está en quiebre para efectos prácticos y ningún tablero lo va a mostrar.

El control tiene que trabajar al nivel en que la venta ocurre de verdad, que es producto, color y talle. Es más trabajo de datos y es la diferencia entre detectar algo o no detectar nada.

2. Confundir "no tengo" con "me falta"

Tener cero unidades de algo no es un problema en sí mismo. Un local puede no tener un producto sencillamente porque ahí no se vende, y mandarle mercadería sería mover dinero de un lugar donde trabaja a un lugar donde se queda quieto.

Un quiebre real necesita las dos mitades: que no haya stock y que exista demanda demostrada en ese local. Sin la segunda mitad, un detector de quiebres genera una lista larguísima que nadie va a mirar dos veces, y así es como estos sistemas se mueren.

3. Creerle al histórico de stock sin preguntar de dónde salió

Esta es la más difícil de ver y por eso la más peligrosa. Muchos sistemas de gestión guardan el stock actual y lo van pisando, sin conservar una foto por día. Cuando alguien necesita el histórico, se reconstruye hacia atrás: se toma el stock de hoy y se le suman las ventas y restan los ingresos para inferir cómo estaba cada día anterior.

Ese histórico reconstruido parece un dato pero es un cálculo, y arrastra una consecuencia grave: el stock reconstruido baja los días que hubo ventas, porque se derivó de las ventas. Si lo usás para confirmar que una venta ocurrió, no estás verificando nada, estás mirando la misma información dos veces.

Antes de sacar conclusiones de una serie de stock conviene preguntar si es una foto guardada ese día o una cuenta hecha después. Si es lo segundo, sirve para estimar tendencias, no para probar hechos.

4. Sugerir sin mirar lo que cuesta mover

Una transferencia entre locales tiene costo: flete, gente que la prepara, días en tránsito y riesgo de que la prenda llegue cuando la temporada pasó. Una sugerencia que ignora eso propone mover dos unidades a trescientos kilómetros para capturar una venta que quizá no ocurra.

Para que la lista sea creíble, cada sugerencia tiene que poder responder cuánto se espera recuperar si se hace. Y las que no llegan a un piso razonable conviene que ni aparezcan: una lista corta de movimientos que valen la pena se ejecuta, una lista larga de movimientos dudosos se ignora entera.

Qué tiene que estar en su lugar

Fotos de stock guardadas, no reconstruidas. Un registro diario por local y variante, aunque arranque el día que se conecta el sistema. Sin eso, todo lo que se diga del pasado es inferencia.

Demanda medida por local, no promedio de cadena. El mismo producto tiene comportamientos distintos en cada sucursal, y usar el promedio de la cadena para decidir esconde exactamente lo que se busca.

Un umbral de valor por sugerencia. El sistema propone lo que mueve dinero y se calla el resto.

La sugerencia donde está quien decide. Un tablero que hay que ir a abrir se abre las dos primeras semanas. La sugerencia tiene que llegar sola, a quien puede decir que sí, y con la respuesta a un toque de distancia.

El rechazo también es información

Cuando quien decide rechaza una sugerencia suele tener un motivo que el sistema no podía saber: que ese local está por cerrar por refacción, que la prenda se reservó para una campaña, que el flete a esa zona sale carísimo.

Si ese motivo se pierde, el sistema vuelve a sugerir lo mismo la semana siguiente y la persona deja de contestar. Si se captura, la próxima lista es mejor que la anterior. La diferencia entre un sistema que se usa a los seis meses y uno que se abandona al mes suele estar acá, y no en la calidad del algoritmo.

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Los números medidos de este trabajo, en un caso real en producción, están en la página principal.